Powered By Blogger

lunes, 25 de abril de 2011

La Eutanasia sí es un derecho humano

Para el 2015, en todo el mundo, habrá 84 millones de personas muertas por cáncer según la Organización Mundial de la Salud (OMS) ¡Qué triste sería que diagnostiquen a un familiar nuestro con cáncer avanzado! Nuestro mundo se nos viene encima, y ni que decir el de ellos. Recuerdos vienen y recuerdos van. A mí me pasa que no sé ni que decirle a esa persona la cual amo. ¿Cómo estás?, no, porque definitivamente no está bien, y no solo me lo dicen sus ojos afligidos, o su tenue voz,  me lo expresa su cuerpo que yace en una cama especial tan solo esperando que sea su hora.
Tal vez darle algunas palabras de aliento será lo mejor que puede hacer uno, claro si se es capaz de encontrar fuerza en una situación así. También sería bueno  pedirle perdón por todo aquello en lo que fallamos, ya sea como nietos, hijos, esposos, incluso padres.
No obstante, ya con lo que les queda de su destruida existencia, siguen etapas que son todavía peores. La última fase, la agonía antes de morir  que puede durar incluso hasta semanas.
No puedo evitar pensar en el dolor que pueden sufrir nuestros seres queridos por día; observar a una persona mayor llorando de sufrimiento, e incluso retorcerse en su cama pidiendo ayuda, deseando muchas veces que se termine su agonía lo más pronto posible. Pero que por una estúpida concepción de las personas más bien se la alargan.  
Es intolerable que los pacientes con enfermedades incurables y en fase terminal deban sufrir un dolor prolijo, tan solo porque a algunos se les ocurrió decir que la eutanasia en los seres humanos es un pecado, o que la eutanasia viola el derecho a la vida. En una corriente ius naturalista cabe decir que es derecho fundamental del hombre el no sufrir y menos innecesariamente, aunque éste no esté tipificado.
Muchos alegan que no se debe jugar a ser Dios quitándose la vida a sí mismos; se sabe que biológicamente el ser humano podría morir de una gripe o de una indigestión, o de una picadura de algún animal venenoso, o con alguna bacteria.  Pero si lo vemos desde esa perspectiva se han elaborado medicamentos para alargar la vida y me parece que sería lo mismo que jugar a ser Dios.  
Un estudio de la Universidad de Londres  y publicado en la revista Journal of Medical Ethics reveló que la fe religiosa de un médico ejerce una fuerte influencia en las decisiones de sus pacientes terminales; además de que es muy poco probable que los médicos religiosos discutan con los enfermos avanzados las opciones paliativas que tienen. Esto resulta indignante, un medico cegado por su fe influyendo en una decisión que le pesará a la víctima hasta el final de sus horribles y dolorosos días.
Parece que no entienden que se trata de quitarle un dolor innecesario a un ser amado. Si bien es cierto se quita una vida, pero, por obvias razones, nada tiene que ver esto con el aborto o con la pena de muerte.  Se trata de que el mismo paciente diga que no quiere sufrir más.



Pero, peor aún,  las falaces creencias espirituales o religiosas vienen a censurar una de las principales diferencias que tenemos con los demás animales, la capacidad de razonar. Incluso,  en Costa Rica el Código Penal, en su artículo 116, dice: Homicidio por piedad. Se impondrá prisión de seis meses a tres años al que, movido por un sentimiento de piedad, matare a un enfermo grave o incurable, ante el pedido serio e insistente de éste aún cuando medie vínculo de parentesco.

O sea, queda demostrado que se conoce que es piedad lo que se tiene de ellos,  uno de los sentimientos mas nobles de un ser humano; preguntémonos ¿cómo sería el mundo si todos los seres humanos que habitamos la Tierra fuéramos piadosos? Pero en vez de intensificar una actitud como ésta más bien se castiga al individuo que intenta terminar con el incesable dolor que sufre su ser amado. Entonces es obvio que se le envía un mensaje a las personas para que no sean misericordiosas y que solo observen a su ser querido agonizar y retorcerse en su propio dolor mientras muere.

Según la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) en su guía de cuidados paliativos recomienda que a veces hay que sopesar el alivio que se le puede dar a una persona con sus efectos colaterales; explican, además, que a veces es mejor conformarse con aplacar el 80 ó 90% del dolor. De manera que en algunos casos la persona no estará totalmente drogada y podrá sentir, durante algunas semanas, 20 o 10% del peor de los dolores.

Algunas personas inescrupulosas se preguntarán si es necesario o imperante realizarle reformas al Código Penal o a la misma Constitución Política tan solo por 3 167 habitantes que murieron, en 2002, a causa de cáncer; sería decir que cada tres horas murió una persona. De ese total el 61% fueron, seguramente, abuelos o padres adultos mayores.

Pero el caso no es lo que digan las cifras, pues éstas no son más que números,  el asunto es que aunque sea solo una persona tiene derecho a morir con dignidad, sosiego, y sin dolor alguno. Pensemos en cada una de esas 3 167 personas muertas por cáncer, si el 61% fueron adultos mayores quiere decir que el 49% restante pudieron ser niños, adolescentes, jóvenes y adultos.  ¿Acaso no es un acto de nobleza liberar de un dolor exasperante a un niño indefenso?  O es que ¿preferimos verlo sin nada que hacer mientras él se revuelca de dolor en su cama?

La asociación The British Social Attitude (BSA) publicó, este año, que en el Reino Unido, del 2007 al 2010, hubo un aumento del 2% de las personas que estaban de acuerdo con que los doctores terminaran con la vida, si se le puede llamar así, de las personas con enfermedades dolorosas e incurables, siempre y cuando el enfermo estuviera de acuerdo.  Para 2010, el 82% de los británicos creía que la eutanasia es una buena práctica.

Cuando nuestro hermoso himno habla sobre aquellos hijos de la patria, labriegos y sencillos, que tanto prestigio estima y honor nos trajeron y nos traen, también nos está hablando de nuestros abuelos, padres y demás personas que veneramos.  Entonces, ¿acaso no sería una falta de respeto arrebatarles su derecho a una muerte digna y tranquila?  Solo por creencias obsoletas y perniciosas.

Padres y madres que lucharon por sacar a sus hijos y al país adelante, y que por eso se merecen toda nuestra admiración, sufren sin motivo alguno. Qué mejor sería que demostrarle nuestro respeto en sus últimos suspiros de vida ayudándoles a morir en paz y sin dolor. Nos quedaría una imagen a todos de lo fuertes que fueron esas personas y no un triste recuerdo de lo malagradecidas que  somos las nuevas generaciones.

Artículo de un descontento anunciado

Imagínese que está en una soda universitaria,  para ser más específico, en el comedor de ésta. Suponga que está sentado y lo acompañan sus compañeros, mientras todos disfrutan de un delicioso almuerzo. Pero de pronto un ser indeseable se entremezcla en el comedor  y muy sutilmente amenaza su vida y la de sus acompañantes. O peor,  imagínese que no es un solo  bellaco, sino que son dos, tres, hasta cuatro.

Pues bien, ya sabrá, con esta humilde descripción,  qué es lo que sentimos varios compañeros, estudiantes de la Universidad Federada San Judas Tadeo, cuando nos sentamos en la soda para disfrutar un buen almuerzo; y asimismo, nuestras intensiones se ven frustradas por personas que no quieren respetar el derecho a nuestra vida.
 
Mientras mis amigos y yo nos deleitamos con nuestra comida, resulta que algunos individuos inescrupulosos deciden  encender un cigarro en esa área. No puede ser posible que mientras uno se alimente, otras personas nos asesinen de la manera más descarada. Según un estudio de la OMS llamado WHO REPORT ON THE GLOBAL TOBACCO EPIDEMIC, publicado en 2009, en Estados Unidos cada año se mueren 50 000 personas y alrededor de 11% son muertes atribuidas a la exposición del humo de los fumadores activos.
Sin embargo, la administración se queda de brazos cruzados cuando deberían ser ellos los que salvaguarden nuestra vida en la institución.
 Lo que me parece mucho más extraño es que varios de esos suicidas, que fuman en el único comedor de la universidad, son estudiantes de medicina. Según un estudio  hecho por el Instituto Sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA) el 32 % de 279 estudiantes de medicina son actuales fumadores. Suena ilógico tener una suma tan elevada, pues, quién mejor que ellos para saber el daño que provoca  el humo del cigarro en los fumadores.

Por lo que  tampoco se entiende que la administración universitaria no detenga a estos “Kamikazes" sabiendo que si el consumo de tabaco se mantiene así, para el 2020 el tabaquismo habrá cobrado más muertes que el SIDA, la tuberculosis, los accidentes de tráfico, los suicidios y los homicidios, todos juntos.
Pero de todas formas no me interesa el destino de todas esas personas, ya que ellos son los que se buscan su propia muerte;  me importa el destino de mis compañeros no fumadores. Por ahí alguien podría decir que el fumado es un derecho de las personas, pero si bien es cierto, también  la libertad de un individuo está limitada en el momento que  viole el derecho de otro hombre.
Eso se traduce así: los fumadores tiene todo el derecho de suicidarse con su humo tóxico, mientras no violen el derecho a la vida de los demás.
Este hecho pareciera no ser aislado. En 2006 Seily Saenz Sibaja interpuso un recurso de amparo contra el Alcalde Municipal de Oreamuno. Éste consistió  en  la violación del derecho a la salud por la faena del  Alcalde de fumar, constantemente, en el pasillo cercano al área de comedor de la institución. Para este caso la Sala Constitucional declaró con lugar el recurso y  obligó al alcalde a cambiar la zona de fumado a un sitio donde no se violentara el derecho a la vida de los trabajadores.
Más nefasto que la poca cultura de algunos estudiantes de la universidad, es el  pésimo intento administrativo por erradicar tal práctica tan solo con una señal pequeña, en la entrada de la soda, que dice “Prohibido Fumar”. Muy pocos la respetan y lo peor es que, algunas veces, hasta enfrente de los mismos administrativos la señal  es descaradamente ridiculizada con toda impunidad.
En el Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco, en el artículo 8 que trata sobre el resguardo contra la exposición al humo de cigarro, dice que los administradores serán los responsables de hacer cumplir la ley; entre sus obligaciones están: señalar claramente los lugares donde se prohíba fumar y también quitar los ceniceros de dichos lugares. Por demás está decir que el convenio fue firmado por Costa Rica y ratificado por la asamblea en 2008.
Es realmente paradójico y hasta risible que en el sector donde merendamos haya un rótulo que prohíbe fumar, y asimismo haya ceniceros en cada una de las mesas. Hasta parece una burla para el estudiantado no fumador.
Es insoportable que el único espacio, que existe en la universidad, destinado a la alimentación esté contaminado por el humo asesino de los fumadores. Empero aún así, es todavía más lamentable que la administración de una universidad como la San Judas Tadeo que imparte la carrera de medicina, se haga de la vista gorda, y le dé la espalda a un problema que tiene a muchos enfermos en los hospitales por cáncer, enfisema y demás dolorosos padecimientos.

De la doble moral y otras pasiones.

En mi persona siempre está presente  aquella película que me enseñó a regirme en la vida con valores como el respeto, la lealtad, sea ésta hacia un amigo y más importante hacia tu familia.  Sí, aquel gran filme que podría decir que marcó mi vida.  “The Godfather” (El Padrino) me recuerda a aquel protector italiano, don Vito Corleone.


Empero, ipso facto se me viene a la cabeza la imagen del tico, aquel que disfruta de la chota como pasión. Algún suceso que pase en Costa Rica o más allá de nuestras fronteras se convierte rápidamente en un chiste. Pero bueno esa es solo una, la que realmente me interesa para este texto es la pasión de la doble moral crítica del tico.


Bastó la publicación de un artículo, en el cual Fernando Berrocal aseveró que Oscar Arias dio permiso para que la policía fuera entrenada por un comando militar de Estados Unidos, para que las personas empezaran a externar sus opiniones al respecto. Imperó en ello aquella pasión de los  costarricenses: criticar con base en la moral. ¿Cómo el premio nobel de la paz permitió tal acción?, decían por ahí. Muchos costarricenses decidieron reprobar tal gestión, que simple y sencillamente, es una muy buena faena.


 Nuestros uniformados se enfrentan todos los días contra la mafia  que, aunque no es tan lúcida como la mafia de Don Corleone, sí es igual de mortal.


La “Guardia civil” costarricense mantiene un “infalible” sistema de entrenamiento, el cual, nos permite fanfarronear el hecho de que, luego de seis “largos” y “provechosos” meses, cada policía tiene un promedio de 75 balas disparadas. Entonces, ¿Qué tan seguros nos podemos sentir si cada gendarme maneja un promedio menor de disparo que cualquier agente de seguridad privada?


La respuesta salta a la vista: ¡AUXILIO! Con la mínima experiencia que tienen nuestros gendarmes es más probable que el policía se dispare así mismo en un pie o peor que le dé a un civil, a que le atine a un delincuente.


Si ponemos atención a nuestra sociedad los policías son como niños de kínder con una pistola, en cambio los delincuentes ya son catedráticos graduados, con el mejor armamento, de la mejor universidad de su tipo: La Reforma.


Tomando en cuenta lo anterior, yo no lo pensaría dos veces para pedirle protección a Don Corleone, pues encomendarse a  los policías sería como hacerse un autogol.


Nos empeñamos en alimentar nuestro delirio por juzgar actos que, según nuestra doble moral, son malos, sin darnos cuenta de que la inexperiencia e ineficacia son la mortal sombra de nuestros uniformados.


Es peor tener en nuestra sociedad a una mafia igualmente peligrosa (pero menos lúcida) que la administrada por  Vito Corleone, que permitirles a militares dispuestos perfeccionar a nuestros escuadrones, y por consiguiente, coadyuven con la profesionalización de la Fuerza Pública.


Por eso digo, Corto y Claro: debemos dejar esa seductora doble moral tan adherida en el pueblo tico, porque no queremos que los policías sean entrenados por personas que saben, y tampoco queremos sufrir a manos del hampa.


Walter José Calderón Jiménez.