Powered By Blogger

lunes, 25 de abril de 2011

De la doble moral y otras pasiones.

En mi persona siempre está presente  aquella película que me enseñó a regirme en la vida con valores como el respeto, la lealtad, sea ésta hacia un amigo y más importante hacia tu familia.  Sí, aquel gran filme que podría decir que marcó mi vida.  “The Godfather” (El Padrino) me recuerda a aquel protector italiano, don Vito Corleone.


Empero, ipso facto se me viene a la cabeza la imagen del tico, aquel que disfruta de la chota como pasión. Algún suceso que pase en Costa Rica o más allá de nuestras fronteras se convierte rápidamente en un chiste. Pero bueno esa es solo una, la que realmente me interesa para este texto es la pasión de la doble moral crítica del tico.


Bastó la publicación de un artículo, en el cual Fernando Berrocal aseveró que Oscar Arias dio permiso para que la policía fuera entrenada por un comando militar de Estados Unidos, para que las personas empezaran a externar sus opiniones al respecto. Imperó en ello aquella pasión de los  costarricenses: criticar con base en la moral. ¿Cómo el premio nobel de la paz permitió tal acción?, decían por ahí. Muchos costarricenses decidieron reprobar tal gestión, que simple y sencillamente, es una muy buena faena.


 Nuestros uniformados se enfrentan todos los días contra la mafia  que, aunque no es tan lúcida como la mafia de Don Corleone, sí es igual de mortal.


La “Guardia civil” costarricense mantiene un “infalible” sistema de entrenamiento, el cual, nos permite fanfarronear el hecho de que, luego de seis “largos” y “provechosos” meses, cada policía tiene un promedio de 75 balas disparadas. Entonces, ¿Qué tan seguros nos podemos sentir si cada gendarme maneja un promedio menor de disparo que cualquier agente de seguridad privada?


La respuesta salta a la vista: ¡AUXILIO! Con la mínima experiencia que tienen nuestros gendarmes es más probable que el policía se dispare así mismo en un pie o peor que le dé a un civil, a que le atine a un delincuente.


Si ponemos atención a nuestra sociedad los policías son como niños de kínder con una pistola, en cambio los delincuentes ya son catedráticos graduados, con el mejor armamento, de la mejor universidad de su tipo: La Reforma.


Tomando en cuenta lo anterior, yo no lo pensaría dos veces para pedirle protección a Don Corleone, pues encomendarse a  los policías sería como hacerse un autogol.


Nos empeñamos en alimentar nuestro delirio por juzgar actos que, según nuestra doble moral, son malos, sin darnos cuenta de que la inexperiencia e ineficacia son la mortal sombra de nuestros uniformados.


Es peor tener en nuestra sociedad a una mafia igualmente peligrosa (pero menos lúcida) que la administrada por  Vito Corleone, que permitirles a militares dispuestos perfeccionar a nuestros escuadrones, y por consiguiente, coadyuven con la profesionalización de la Fuerza Pública.


Por eso digo, Corto y Claro: debemos dejar esa seductora doble moral tan adherida en el pueblo tico, porque no queremos que los policías sean entrenados por personas que saben, y tampoco queremos sufrir a manos del hampa.


Walter José Calderón Jiménez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario