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lunes, 25 de abril de 2011

Artículo de un descontento anunciado

Imagínese que está en una soda universitaria,  para ser más específico, en el comedor de ésta. Suponga que está sentado y lo acompañan sus compañeros, mientras todos disfrutan de un delicioso almuerzo. Pero de pronto un ser indeseable se entremezcla en el comedor  y muy sutilmente amenaza su vida y la de sus acompañantes. O peor,  imagínese que no es un solo  bellaco, sino que son dos, tres, hasta cuatro.

Pues bien, ya sabrá, con esta humilde descripción,  qué es lo que sentimos varios compañeros, estudiantes de la Universidad Federada San Judas Tadeo, cuando nos sentamos en la soda para disfrutar un buen almuerzo; y asimismo, nuestras intensiones se ven frustradas por personas que no quieren respetar el derecho a nuestra vida.
 
Mientras mis amigos y yo nos deleitamos con nuestra comida, resulta que algunos individuos inescrupulosos deciden  encender un cigarro en esa área. No puede ser posible que mientras uno se alimente, otras personas nos asesinen de la manera más descarada. Según un estudio de la OMS llamado WHO REPORT ON THE GLOBAL TOBACCO EPIDEMIC, publicado en 2009, en Estados Unidos cada año se mueren 50 000 personas y alrededor de 11% son muertes atribuidas a la exposición del humo de los fumadores activos.
Sin embargo, la administración se queda de brazos cruzados cuando deberían ser ellos los que salvaguarden nuestra vida en la institución.
 Lo que me parece mucho más extraño es que varios de esos suicidas, que fuman en el único comedor de la universidad, son estudiantes de medicina. Según un estudio  hecho por el Instituto Sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA) el 32 % de 279 estudiantes de medicina son actuales fumadores. Suena ilógico tener una suma tan elevada, pues, quién mejor que ellos para saber el daño que provoca  el humo del cigarro en los fumadores.

Por lo que  tampoco se entiende que la administración universitaria no detenga a estos “Kamikazes" sabiendo que si el consumo de tabaco se mantiene así, para el 2020 el tabaquismo habrá cobrado más muertes que el SIDA, la tuberculosis, los accidentes de tráfico, los suicidios y los homicidios, todos juntos.
Pero de todas formas no me interesa el destino de todas esas personas, ya que ellos son los que se buscan su propia muerte;  me importa el destino de mis compañeros no fumadores. Por ahí alguien podría decir que el fumado es un derecho de las personas, pero si bien es cierto, también  la libertad de un individuo está limitada en el momento que  viole el derecho de otro hombre.
Eso se traduce así: los fumadores tiene todo el derecho de suicidarse con su humo tóxico, mientras no violen el derecho a la vida de los demás.
Este hecho pareciera no ser aislado. En 2006 Seily Saenz Sibaja interpuso un recurso de amparo contra el Alcalde Municipal de Oreamuno. Éste consistió  en  la violación del derecho a la salud por la faena del  Alcalde de fumar, constantemente, en el pasillo cercano al área de comedor de la institución. Para este caso la Sala Constitucional declaró con lugar el recurso y  obligó al alcalde a cambiar la zona de fumado a un sitio donde no se violentara el derecho a la vida de los trabajadores.
Más nefasto que la poca cultura de algunos estudiantes de la universidad, es el  pésimo intento administrativo por erradicar tal práctica tan solo con una señal pequeña, en la entrada de la soda, que dice “Prohibido Fumar”. Muy pocos la respetan y lo peor es que, algunas veces, hasta enfrente de los mismos administrativos la señal  es descaradamente ridiculizada con toda impunidad.
En el Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco, en el artículo 8 que trata sobre el resguardo contra la exposición al humo de cigarro, dice que los administradores serán los responsables de hacer cumplir la ley; entre sus obligaciones están: señalar claramente los lugares donde se prohíba fumar y también quitar los ceniceros de dichos lugares. Por demás está decir que el convenio fue firmado por Costa Rica y ratificado por la asamblea en 2008.
Es realmente paradójico y hasta risible que en el sector donde merendamos haya un rótulo que prohíbe fumar, y asimismo haya ceniceros en cada una de las mesas. Hasta parece una burla para el estudiantado no fumador.
Es insoportable que el único espacio, que existe en la universidad, destinado a la alimentación esté contaminado por el humo asesino de los fumadores. Empero aún así, es todavía más lamentable que la administración de una universidad como la San Judas Tadeo que imparte la carrera de medicina, se haga de la vista gorda, y le dé la espalda a un problema que tiene a muchos enfermos en los hospitales por cáncer, enfisema y demás dolorosos padecimientos.

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